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Antes de la separación/divorcio: “Aumento de las diferencias y toma de decisión".

En ocasiones, la convivencia con la pareja se hace difícil y conflictiva, y ambos o alguno de los miembros de la misma toma la difícil decisión de separarse. En estos momentos es frecuente que aumenten entre los progenitores las tensiones, las discusiones y/o discrepancias, siendo en ocasiones presenciadas por los menores que son conscientes en función de la edad de los distintos problemas familiares o incluso de la pareja (cabe considerar que por muy pequeños que sean, son concientes de que “algo va mal”), y pueden hacer interpretaciones erróneas para tratar de comprender la situación.

En los momentos previos a la separación, las características de la familia, el estado psicológico y la personalidad de los distintos componentes de la misma, se configuraran los posibles problemas familiares y las posibles consecuencias en los progenitores y los hijos.

En relación a los progenitores cabe destacar que en las separaciones más conflictivas tendrán mayor dificultad para llegar a acuerdos (económicos y con respecto a los hijos) o estos serán imposibles, llegando en muchas ocasiones al proceso contencioso. Es frecuente que ambos progenitores se encuentren afectados en estos momentos, pudiendo presentar distintos síntomas ansiosos o depresivos, o la exacerbación de problemas psicológicos previos que tienden a disminuir con el paso del tiempo si la adaptación es favorable.

En relación a los hijos, y como ya se ha señalado, es frecuente que con anterioridad a la separación aumenten los conflictos entre los padres, manifestándose en mucho de los casos en un incremento en la frecuencia e intensidad de las discusiones. Con frecuencia, incluso en familias que con anterioridad guardaban las formas delante de los menores, al final de la convivencia pierden en más o menos ocasiones, y de forma más o menos desproporcionada, las formas, siendo los hijos testigos y víctimas de estos cambios. Además es frecuente que comience a variar la rutina familiar (uno o ambos progenitores comienzan a evitar coincidir, y con ello disminuyen las actividades familiares comunes). A tenor de estos cambios, entre otros factores, es indudable que a los menores se les debe informar sobre lo que esta sucediendo y sobre lo que va a suceder, trasmitiéndoles la información de forma adecuada y comprensible atendiendo a la edad de los hijos y su desarrollo evolutivo.

La necesidad de proporcionar información a los hijos con anterioridad a la separación se debe a que los menores suelen ser muy intuitivos, y saben cuando las cosas no están bien en casa. En función de la edad y de lo que les trasmitan sus padres tendrán una mayor o menor comprensión de la situación, lo cual influirá en su estado durante el proceso y tras el mismo. En estos momentos se ha de ser sincero con los hijos y explicarles, en función de la edad y antes de que se produzca el cese de la convivencia, la decisión que se ha tomado, dado que el malestar ante la incertidumbre y el temor al abandono solo pueden mitigarse con sinceridad y claridad, debiendo ser congruente el comportamiento con las verbalizaciones. En términos generales, se les suele comunicar que uno de los padres va a ir a vivir en otra residencia donde ellos también van a tener un espacio; se les deben especificar los cambios que se van a producir en su rutina diaria; hacerles hincapié en que ambos progenitores les quieren; se les debe dejar claro que ellos no son responsables de la separación, y que la decisión es definitiva, siendo una decisión de los padres; no se debe responsabilizar a ninguno de los progenitores, ya que no repercute de forma positiva en los hijos el buscar culpables, mientras que por el contrario sí es positivo buscar soluciones para que todos puedan seguir adelante en la reorganización de sus vidas, diferenciando la figura del cónyuge de la de padre/madre. Finalmente se ha de contestar a cuantas preguntas formulen los menores, adecuando las respuestas a la edad y desarrollo de estos. Los menores en estos momentos pueden encontrarse confusos, o no mostrar cambios significativos; las reacciones varían en función de las características del niño, y de los aspectos concretos de la separación de sus padres.

Es necesario que ambos progenitores comprendan que los hijos quieren a su padre y a su madre, dado que son su fuente de afecto, cuidado y seguridad. En definitiva, son los que cubren sus necesidades y potencian su evolución y desarrollo psicoemocional, destacando la importancia de ambas figuras en la vida de los hijos con independencia de la situación de la familia (convivencia o no). Incluso en las familias intactas se considera negativo en la educación de los menores las discrepancias educativas entre los progenitores y/o la descalificación, humillación, etc. de alguno de los progenitores, y/u otras conductas que no favorezcan o perjudiquen el adecuado desarrollo de los menores, por lo que no iba a ser distinto en el caso de la separación conyugal.

Es frecuente tener dudas sobre como afrontar este momento, por lo que el asesoramiento por parte de profesionales puede paliar las consecuencias de la separación y servir de apoyo en estos momentos difíciles.